Desde el pasado 1 de julio, hacer una compra en plataformas como Temu, Shein, AliExpress o cualquier tienda por internet que envíe productos desde fuera de la Unión Europea dejará de ser tan barato como hasta ahora. Aunque el precio del artículo no cambie, el consumidor tendrá que asumir un nuevo coste derivado de la reforma aduanera impulsada por la Unión Europea.
El cambio pone fin a una ventaja que durante años permitió la entrada de millones de pequeños paquetes sin pagar derechos arancelarios. Desde julio, todos los envíos de hasta 150 euros procedentes de países extracomunitarios estarán sujetos a un arancel fijo de 3 euros por cada categoría de producto incluida en el pedido. Es decir, un mismo pedido con ropa, accesorios y artículos electrónicos podría acumular varios recargos.
Para el consumidor, la consecuencia es clara: el precio final de muchas compras aumentará. En productos de bajo coste, el impacto será especialmente notable. Un accesorio de apenas 4 o 5 euros puede acabar costando casi el doble si se le suma el nuevo arancel y otros posibles gastos de gestión. En cambio, en artículos de mayor importe, el incremento porcentual será mucho menor.
La medida busca, según la Comisión Europea, frenar el aluvión de paquetes procedentes principalmente de China, mejorar los controles aduaneros y equilibrar la competencia con el comercio europeo. Bruselas considera que el sistema anterior favorecía a grandes plataformas internacionales que podían vender miles de productos de bajo precio sin soportar los mismos costes que los comercios establecidos dentro de la UE.
Las plataformas ya se están adaptando. Algunas están trasladando parte de su catálogo a almacenes situados en países europeos para evitar que esos productos tengan que pasar por la aduana. Para el comprador esto significa que, en muchos casos, verá dos opciones: un producto enviado desde un almacén europeo, normalmente algo más caro, y otro enviado directamente desde Asia al que habrá que añadir el nuevo recargo.
Antes de realizar una compra, convendrá revisar desde dónde se envía el producto y si el precio final ya incluye todos los costes. De lo contrario, el consumidor podría encontrarse con cargos adicionales cuando el paquete llegue al país.
En definitiva, el modelo de las compras «ultrabaratas» que ha impulsado el éxito de muchas plataformas internacionales comienza a cambiar. A partir de julio, comprar fuera de la Unión Europea seguirá siendo posible, pero en muchos casos dejará de ser la ganga que era hasta ahora. Para millones de consumidores europeos, el precio que aparece en la pantalla ya no será, necesariamente, el precio que terminarán pagando.
